sábado, 28 de abril de 2012

Intentalo, solo tienes que recordar (II)

Intentalo, solo tienes que recordar (II)

Intenté abrir la puerta de mi apartamento, y tras varios intentos logré entrar sin tener que derribar la puerta. Solté mi abrigo en la silla del comedor, y me dirigí veloz hacía la cocina. Cogí del pequeño armario una botella de vino, en la etiqueta podía leerse una advertencia “Solo en caso de emergencia”, y este era uno de ellos.
Lo descorché, serví dos copas y me senté en el sofá junto con mi amiga. No sabía bien por dónde empezar así que ella comenzó por mí:


  • Aless, me estas empezando a asustar, ¿que es lo que ha pasado?.
  • No estoy muy segura, es lo más extraño que me ha pasado nunca.-dije mientras tomaba un sorbo-.
  • Déjate de tanto misterio y cuenta.-me instó impaciente-.
  • Bueno, venía de cenar con los Miller, ya sabes, como cada jueves.
  • Sí, sí...
  • Y cuándo estaba en la parada de autobús, se acercó un coche y paró justo delante mía.
  • ¿No me digas que todo esto es porque te confundieron con una prostituta? Normal, si es que en ese barrio y encima con ese abrigo...
  • ¡Lexi!.-bramé-. Espera, ¿qué problema tiene mi abrigo?.
  • Ninguno, solo que...bueno tu sigue con la historia.
  • Si me dejaras ya te la habría contado.
  • Ya me callo, no te preocupes.-hizo un extraño gesto, como si cerrara una cremallera y después espero a que continuase-.
  • Bueno, el conductor intento llamar mi atención, pero hice caso omiso. Hasta que de la parte trasera salio un chico.
  • ¿Pero estaba bueno?
  • ¿Tú no ibas a estar callada? Además que más da eso, no iba a liarme con él ni nada.
  • Vale, vale. Sigue contando
  • Entonces el chico me ofreció llevarme a casa, y como es obvio, le dije que no. No iba a irme con el primer extraño que se me cruzara.
  • Lógico, a saber si es un psicópata que quiere matarte.
  • Voy a hacer como si no hubiera escuchado lo que has dicho. Y no me mires con esa cara.
  • Anda sigue contando.
  • El chico me respondió que sí le conocía y que sabía perfectamente su nombre, pero que no quería recordarlo. Después me dijo que cuándo lo supiera se lo hiciera saber y se marchó sin más.
  • ¿Y se marchó?

  • Bueno, ¿y quién es?
  • No lo sé, ese es el problema. Al principio me resultó familiar pero nada más.
  • A lo mejor es alguien del instituto o un amigo de cuándo eras pequeña.
  • No, en ese caso sabría quién es.
  • Pues chica, no tengo ni idea. Y de todas maneras que más da...no lo vas a volver a ver.
  • Ya, pero creo que pretendía que yo lo recordara.
  • Pues si es eso lo que quiere, que te diga quién es directamente y se deje de tonterías. No pretenderá que dejes tu vida tan solo por saber quién es.- dijo con un tono enfurecido-.
  • Pues lo ha conseguido
  • ¿Que ha conseguido qué?
  • Que deje mi vida, joder.
  • ¿Por qué dices eso?
  • Porque dentro de unas horas tengo un examen, y no he repasado ni he dormido nada.
  • ¿Examen? Es verdad, que mañana hay clases. Dios no me acordaba, será mejor que me marche.- se terminó la copa de un sorbo y se levantó-.
  • Espera, se supone que estas aquí para aconsejarme.
  • Mira, no te rayes por eso. Tú pasa del tema y punto, si te acuerdas de quién es, mejor; y si no, pues no pasa nada. Ahí tienes el consejo que querías.
  • Gracias, pero hasta esa conclusión había llegado yo sólita.
  • ¿Entonces para que preguntas?
  • También es verdad.- asumí-.
  • Bueno, me largo. Ya el sábado quedamos para salir. Y sí sabes algo de chico-misterioso llámame, da igual la hora que sea.
  • Venga, adiós.-le dije mientras salía con mucha prisa hacía su coche-.

Hablar con ella no había servido de mucho, sabía que no debía darle importancia al asunto, pero siento la necesidad de saber todo acerca de él.








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