martes, 6 de marzo de 2012

Tentación

Sentada junto a la ventana mi mirada se perdía en el horizonte. Escuchaba con atención el ruido de las hojas agitadas por el viento y el suave sonido de la lluvia que sumía a la tranquilidad cada parte de mi ser. El repicar de las campanas logro sacarme de mi ensimismamiento, en el instante en el que Sam entraba a la habitación.



Su cabello húmedo caía alborotado a ambos lados de su cara. Sus carnosos labios lucían un tono pálido debido al frío que azotaba la calle. Sus mojadas ropas marcaban cada línea de su cuerpo, dejando translucir su torso. Su mirada penetrante dejó aparcada la tristeza para dejar escapar una chispa de alegría. Una tímida sonrisa dejo entrever sus blancos dientes, aquellos que hacía mucho que no lograba vislumbrar. Sus brazos se abrieron ampliamente , ofreciéndome toda la calidez de su abrazo, en ese momento no dude en entregarme a él y aceptar su pequeño obsequio. Su cuerpo se entrelazó con el mío, notaba como cada músculo se tensaba y como mi corazón latía a mayor velocidad. Había sido una dulce espera comparada con el valor de aquel simple gesto. El regreso de un viejo amigo siempre era un hecho que se esperaba con ansías.

Su mano se deslizó hacía mi mejilla, acariciándola, para más tarde tomar mi barbilla y obligarme a ver su rostro. Sus ojos volvían a transmitir la tristeza de antaño. Las lágrimas caían confundiéndose con gotas de aguacero. Sus labios temblaban mientras intentaba reunir el valor para decir una simple palabra que no transmitiría ni una minúscula parte de lo que debía. Su inconsciente le advertía que era un momento demasiado hermoso para romperlo con palabras. Ordenó adecuadamente todos sus sentimientos , dando paso al más importante de ellos. Tomó aliento y se acercó lentamente hacía mí, con el latente miedo a ser rechazado. Aunque si perdía, al menos sabría que lo había intentado.. Mi mirada le instó a que continuase, para poco después cerrar los párpados y espera el momento en el que nuestros labios rozasen. Tanto Sam como yo eramos conscientes de lo que acarrearía ese beso. Pero los sentimientos reprimidos durante tanto tiempo ahora cabalgarían con libertad. Sus labios eran para mí el fruto prohibido y al igual que Eva caí en la sabrosa tentación del pecado.

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