Última decisión en un mundo post-apocalíptico
Camino despacio, hace varios días que mis provisiones se acabaron. Tuve que dejar la moto, ya no había gasolina. Evito los pueblos, todos atestados de victimas inocentes que ahora pelean por tu carne. Había perdido toda esperanza de encontrar a alguien con vida. A mi espalda llevo una maleta, de mi cintura cuelga una glock y en mi mano un viejo transmisor. El aire resulta pastoso y dificulta mi respiración, no puedo dar un paso más así que me detengo. En mi mente barajo la posibilidad de acabar con esto, solo me queda una bala y sería la mejor opción. Acepto con resignación mi decisión, saco la cámara del bolsillo interior de la maleta. La enciendo, la lucecita roja me indica que ya esta grabando así que le dirijo mis últimas palabras.
- Aquí acaban mis grabaciones, quizás puedan servir de ayuda a alguien. Y espero que tenga la valentía de enfrentarse a esto. He tomado la decisión más difícil hasta ahora, aunque creo que debería haberlo hecho mucho antes.-enseño el arma y la recámara-. creo que no hacen falta más palabras. Conmigo me llevo la infinidad de recuerdos que demuestran que esas cosas antes eran personas. Antes de dejar todo atrás debo dar las gracias a aquel que me ha mantenido cuerda en todo momento...-respiro y una lágrima cruza mi rostro-. Gracias chico de la voz preciosa, gracias.
Mis últimas palabras están dichas, ha llegado el momento de acabar con mi vida. Guardo la grabación con mis objetos personales. Dejó la glock en el suelo, apostada a mi lado, me agarró las rodillas y cubriendo mi rostro contra ellas lloró. Rezo todo lo que sé y aún con las manos temblorosas y el rostro mojado alzo el arma y la apunto contra mi boca. Cierro los ojos fuertemente, pongo el dedo en el gatillo y entonces lo oigo...
Posibles supervivientes el convoy ha parado, nuestra posición es 43.333169 -114.98085. Idaho ruta 20. ¿Alguien puede oírme?
Me abalancé sobre la radio, la sostuve en las manos, mientras que entre sollozos repetía una y otra vez, yo puedo oírte. Saqué el mapa y localicé las coordenadas, no estaban a mucha distancia, si salía ahora podría llegar andando antes de su partida. Cogí todo mi equipamiento, cogí la radio y grabé la repetición del mensaje. Y mientras andaba con paso ligero la escuchaba, era el único hilo que me mantenía viva.
El sol empezó a ponerse en el horizonte, era peligroso andar de noche por aquellas tierras inhóspitas pero no me detendría. Las fuerzas me faltaban, me temblaban las piernas y mi garganta estaba totalmente seca. En ese momento vislumbre una carretera, y allí estaba el convoy. Una fuerza oculta se abrió paso en todo mi ser, corrí como nunca antes lo había hecho. Ya no pensaba en los días que llevaba sin comer y sin beber, ni en los kilómetros andando, ni en nada que no fuera aquella imagen.
Atravesé el perímetro de seguridad, sin pensar en las consecuencias.
*
Dormía plácidamente, sin preocupaciones, como hacía mucho tiempo. Algo me sacó de mi sueño, la alarma de intromisión se había activado y junto con ellas las cámaras de seguridad. Agitado me levanté de la cama, chocando con fuerza contra el techo. Me acerqué al ordenador aún dolorido, amplié la vista cinco. Una chica se dirigía al campamento corriendo y en su rostro se reflejaba una amplía sonrisa. Me quedé anonadado mirándola, sin darme cuenta que la alarma seguía sonando. Entonces una voz me devolvió a la realidad:
- Mikey, ¿qué es lo que pasa?¿Nos atacan los zombies?
Apagué la alarma, cogí el walkie-talkie y me dirigí a él:
- No, falsa alarma. Es una chica, una superviviente.
- Saldré a por ella, vosotros no os mováis.
-Entendido
*
Oí una alarma, que procedía del convoy, pero no le dí importancia. Seguí corriendo hasta que mis pies me lo permitieron. Entré en el centro, me rodeaban vehículos de distintos índoles. Me paré en seco, mi respiración era agitada, solté mi maleta a un lado. De un camión cisterna salió un hombre de mediana edad, no pude distingirlo en la oscuridad que ahora nos cernía pero me era extrañamente familiar. Se quedó mirándome, y con paso lento se acercó hacía mí empuñando un arma. Saqué mi glock y en signo de rendición la solté en el suelo. Me quité la capucha que me cubría gran parte del rostro y tapaba mi espesa melena. Hasta ese momento no me dí cuenta que sonreía, y después de eso noté mi sed y el cansancio acumulado hasta ahora. Mis piernas volvían a temblar, mi vista se volvía borrosa por momentos. Pero no me importaba, había llegado a mi salvación. Mi vista se nubló por completo, mis piernas cedieron y mientras caía al vacío pude escuchar que alguien gritaba mi nombre.
*
Cuándo la extraña chica se retiró el velo de su rostro y lo dejo al descubierto, una imagen atravesó sus recuerdos y se abrió paso. Charles, el hombre de mediana edad, recordaba el principio del cataclismo y como lucho por sobrevivir junto a su compañera de trabajo, Shirley. Y ahora estaba allí de pie, mirándole con atención. Pero ella no pudo aguantar mucho más así, se desplomó sobre el suelo, el correr había agotado todas sus fuerzas. Y un gritó desesperado atravesó la garganta de Charles que corrió a sostenerla en sus brazos. La aferró contra él y comprobó que aún tenía pulso. Cogió el walkie-talkie y conectando todas las líneas pidió ayuda.
Unos minutos más tarde todo el campamento estaba despierto. Con Shirley en los brazos acudió a la ambulancia donde una enfermera la examinaría. Los dos chicos esperaron impacientes los resultados, poco después la enfermera les entregó el diágnostico.
- No os preocupéis, no tiene mordedura alguna solo está deshidratada. Ya le he puesto el suero, esperemos que salga de su letargo pronto. He revisado su maleta y hay algo que deberíais ver, sobre todo tú Mike.
Cogió la cámara y entregándosela a ellos puso en marcha el último vídeo grabado. Los dos escucharon atentamente, preguntándose porque ella había cambiado de opinión. Al finalizar la reproducción, la chica vio la expresión de sus rostros y les dijo:
- Mirad la hora a la que finalizó la grabación y ahora esto es lo que escuchó ella momentos después.
Encendió la radio, y nada más hacerlo la retransmisión se puso en marcha. Una y otra vez, sin descanso alguno. Mike cogió con cuidado el transmisor y con la voz entrecortada musitó unas palabras:
- Mi transmisión
- Sí, si la chica no hubiera oído eso, probablemente no estaría viva en estos momentos. El chico al que da las gracias en el vídeo eres tú.
- Yo cuidaré de ella.
- ¿Y quién dirigirá el módulo de seguridad?.- intervino Charles-.
- Tú, sabes como hacerlo. Ella me necesita más.
- Cómo quieras
Mike dio la conversación por terminada y entró en la ambulancia. Shirley seguía inconsciente, sus ojos estaban cerrados y el movimiento de las pupilas indicaba que estaba soñando. Aún se advertía la sonrisa. El chico se sentó en un lado de la cama, posó su mano sobre la de ella, y como si se tratase de otra retransmisión le dijo:
- Idaho, ruta 20. Sé que puedes oírme y has llegado hasta aquí tan solo por eso. Hacía días desde la última retransmisión, había perdido toda esperanza de que alguien me oyera. Pero cuándo volvía de mi guardia, vi el micrófono sobre la mesa. Y siguiendo un impulso volví a retransmitir nuestra posición. Ahora doy gracias a dios por ese impulso. Y espero que pronto puedas despertar.
Shirley el convoy ha parado, nuestra posición es 43.333169 -114.98085. Idaho ruta 20. ¿Alguien puede oírme? Sé que tú puedes oírme.
En ese momento Mike sintió como la mano de ella se aferraba con fuerza a él. Debajo de sus párpados las pupilas habían parado. Una sonrisa iluminó su rostro provocando una gran satisfacción en él. Abrió sus ojos lentamente y vio por primera vez el rostro de su salvador. Su pelo corto del color del sol, sus radiantes ojos grises. Sus aniñados rasgos para su edad y una sonrisa resplandeciente. Por fin pudo mascullar palabra y con voz delicada la chica le dijo: "Gracias chico de la voz preciosa"

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