Escapar, tan solo escapar del bullicio de la gente. De los adinerados y burgueses que siempre esperaban más de ti, una sociedad a la que yo no pertenecía. Huir del mundo en el que me había tocado vivir.
Diligente el camarero se acercó a mí, deposito una copa y sin intercambiar palabra marchó. Agradecida tomé un sorbo, y al bajar la vista vi una servilleta que dictaba: ¿Te marcharás sin bailar conmigo?. No reconocía la letra, pero aquellas palabras retumbaban en mi cabeza; esa dulce voz que un día me susurró al oído la misma invitación. Mis ojos le buscaban con ansiedad, buscando un sueño imposible que se había vuelto material. En una lejana mesa en la penumbra, un chico esperaba sentado. Mis pies desobedientes se acercaron a él. Al acercarme alzo su rostro, su mirada resplandeciente daba un precioso toque a sus ojos ambarinos. Su sonrisa inocente dejaba entrever al chico que solía ser. Su voz profunda y casi inaudible susurró unas palabras:
-¿Aceptarás mi invitación algún día?
- Jamás la rechacé.
Se acercó a mí y tomo mi mano, se dirigió hacía un espacio vacío y allí tan solo dijo:
-¿Recuerdas aquella canción que escribí?
Y poco a poco, ganando confianza, sus labios empezaron a entonarla, y sosteniéndome sobre sus pies empezamos a bailar. Apoyé mi cabeza sobre su pecho, escuchando la acompasada melodía de su corazón. Y a nuestro alrededor todo dejó de existir. El tiempo se detuvo, volvíamos a ser aquellos chiquillos enamorados.
Su mano acarició mi cuello, sus labios le acompañaron, y pude sentir la calidez de su aliento . Cerré los ojos y atesoré ese recuerdo en mi memoria, disfrutando cada segundo. Pero los preciosos momentos no suelen durar mucho tiempo, y ese no sería la excepción.
Algo rompió la magia, el reloj marcó la hora exacta. La hora en la que nuestro beso quedó congelado, el momento de volver a la vida que tanto había odiado. En ese momento tan solo fui capaz de volver mi rostro y marchar, jamás sería como queríamos que fuera. Pero había una forma de romper la regla, plasmada en una servilleta. Que guardada a buen recaudo por el camarero, entregó a mi amado, antes de que para él la noche hubiera acabado:
Volveré para acabar lo que hemos empezado

*o* que bonitoo! :)
ResponderEliminarme ha gustado mucho, escribes muy bien^^
un besoo!